Un sueño que, por fin, después de pasar una gran travesía, hice realidad. Al fin tengo a Valeria entre mis brazos, una pequeñita de dos meses que es mi alegría, que se despierta con una sonrisa y que sólo con eso supera cualquier cosa que yo pudiera sentir: cansancio, sueño, enojo. Yo digo que es mi motor, mi ángel, mi luz para seguir adelante.
Al nacer Vale, jamás imaginé qué tan difícil sería cuidar de ella, todo mundo te platica, te da consejos, pero creánlo, nada de lo que te cuentan se compara con la realidad, ja ja ja. No duermes, medio comes, medio te arreglas, medio haces de todo, pero día con día aprendo de ella; es curioso, pero ahora que la tengo conmigo extraño sus pataditas en el vientre.
Soy una mamá y aún no me la creo; y les comento esto por un cosa que recientemente me pasó: cansada de trabajar y de hacer todo lo que me corresponde como mamá: ama de casa, esposa y, por supuesto como mujer trabajadora fuera del hogar, me fui a dormir, y en eso Vale se echa a llorar pidiendo el biberón; les hablo de las 2 de la madrugada. Oh por Dios!!!! oka oka, me dije, es mi bebita, pobre tiene hambre, semidormida me levanté a prepararle su leche, la cargué y me dispuse a dársela. Y obvio, ustedes creerán que se tomó su biberón, ja ja ja ja pues no el bieberón jamás llegó a su boca, ¡¡¡¡¡me quedé dormida!!!!!, sí creánlo, dormida con la bebé entre brazos y el biberón (ja ja ja) perdido entre las cobijas tal y como lo prepare. Ahora me entienden lo que les digo.
No me odien por esto, en verdad me siento fatal.
Pero día con día aprendo cosas nuevas y eso me da confianza, y veo cambios en mí favorables, el miedo que tenía al bañarla ahora es un momento para disfrutar juntas, el sentir su calor en mi pecho cuando duerme, el tomar sus manitas, el ver su carita, el peinarla, el vestirla, todo esto es un conjunto de emociones que, como dije antes, supera cualquier cosa. Soy una mamá con muchas ganas de serlo, de aprender de ella. y sé que Valeria, algún día, podrá entender por qué jamás le llegó el biberón.